La secuencia del día: El caballo de Turín

Por Tamara Moya.

 

 

La secuencia de hoy pertenece a la película El caballo de Turín (A Torinói ló, 2011), el último largometraje hasta la fecha del director húngaro Béla Tarr. La película comienza con una voz en off que narra un episodio de la vida de Friedrich Nietzsche: un 3 de enero de 1889, el filósofo salió de su casa y en un lugar cercano observó la escena de un cochero que, ante la inmovilidad del caballo para tirar del carro, comenzó a ejercer la violencia sobre él. Nietzsche se acercó al caballo y lo abrazó, y al instante se desmayó pronunciando unas palabras: “Madre, somos idiotas”.

     Después de esa introducción comienza este largo plano secuencia que no finaliza en los cuatro minutos y medio que dura este fragmento. Lo que vemos es un caballo que avanza por un amplio paraje tirando de un carro llevado por un anciano. La cámara acompaña ese esfuerzo del animal y se va alejando y acercando en su camino, donde se interponen las ramas de los árboles y donde la niebla es tan espesa que hace que el caballo y el cochero se pierdan en un espacio casi atemporal. Realmente, parece que nunca van a llegar a ningún destino en concreto, sino que están vagando por un limbo interminable, impresión que se ve incrementada por la fotografía en blanco y negro. Esta sensación la consigue Béla Tarr gracias a ese plano sin cortes que evita toda elipsis en el avanzar de los personajes, así como a la monótona banda sonora que acompaña su rutina.

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