Dos bebés en una cinta policial danesa

El guapo Nikolaj  Coster-Waldau es el policía apuesto.

El guapo Nikolaj Coster-Waldau es el policía apuesto.

 

por José Luis Muñoz

Dinamarca es un país pequeño, de pocos y cultivados habitantes, pero tiene una presencia muy fuerte en la cinematografía mundial que no le correspondería por el índice de su población. La Dinamarca de Carl Theodor Dreyer, uno de los grandes genios del cine, y la de Lars Von Trier, el maestro de la provocación. Una segunda oportunidad es un film negro en toda regla que gira en torno a…dos bebés, algo de lo que huiría el maestro del cine de suspense Alfred Hitchcock tanto como de los perros. Esos dos personajes sin texto, pero que roban plano, es lo más exótico y original del film de la realizadora danesa. Cómo encajarlos en un thriller tiene su mérito.

 

Marie Bonnevie da la réplica glamurosa al apuesto policía.

Marie Bonnevie da la réplica glamurosa al apuesto policía.

 

La película muestra a un bebé maltratado por una pareja de yonquis que no se ocupa en absoluto de él, muy entretenidos entre chute y chute, y otro que está criado entre algodones por el policía Andreas, protagonista de la historia, que interpreta un guapo llamado Nikolaj  Coster-Waldau, contrapuesto a su colega bebedor y divorciado Simon (Ulrich Thomsen), y su bella y glamurosa esposa Ana encarnada por Marie Bonnevie, los dos tan de diseño y pasarela como sucios y desordenados, y hasta feos, sus antagonistas Tristan (Nikolaj Lie Kaas) y su pareja Natsjia Arcel. Belleza enfrentada a fealdad, orden a desorden, para que el espectador se decante, pero Susanne Bier le tiende una trampa con una pirueta argumental que deviene dilema moral: ¿los pobres, sucios y brutos carecen de todo derecho, incluido el de la paternidad, por serlo?

 

Ulrich Thomsen y Nikolaj Lie Kaas, dos actores que repiten con Susanne Bier tras "Hermanos".

Ulrich Thomsen y Nikolaj Lie Kaas, dos actores que repiten con Susanne Bier tras “Hermanos”.

 

Susanne Bier (Copenhague, 1960), la prestigiosa directora que consiguió un Oscar por En un mundo mejor y rueda indistintamente en su país y en EE.UU, tiene dificultades para hacer creíble un guion que en alguno de sus tramos está cogido con pinzas—¿a qué esperan los servicios sociales para retirar ese bebé meado y cagado y mal alimentado a sus padres yonquis?—, pero sabe dar un giro sorprendente cuando ya casi estamos llegando al final: nada es lo que parece,  ni siquiera una madre que creíamos modélica y otra que parecía desastrosa. A fin de cuentas el film de la realizadora de Te quiero para siempre, Después de la boda y Cosas que perdimos en el fuego, seguidora del Dogma de Lars Von Trier, habla de dilemas morales y diferencias de clases: una familia bien acomodada, la del policía, que vive en una casa luminosa y preciosa, y unos marginales hundidos por la droga de los que se les presupone carecen de sentimientos hacia su bebé. Y una coincidencia: la banda sonora es casi la misma que la de El silencio del corazón, la película de Bille August recientemente estrenada, y la fotografía se le parece, y hasta el paisaje.

 

La película plantea un dilema moral a su protagonista.

La película plantea un dilema moral a su protagonista.

 

Susanne Bier nos ha dado en el pasado obras perturbadoras, como esa Hermanos que giraba alrededor del trauma de un militar danés (precisamente Ulrich Thomsen, el actor que aquí interpreta al policía Simon, y que repite con Nikolaj Lie Kaas) prisionero de los talibanes en Afganistán. Aquí baja el tono, aunque nadie le puede negar la originalidad del planteamiento.

 

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