La OCDE abre una investigación sobre WWF

En 2016 esta niña baka fue torturada en Camerún por una patrulla antifurtivos financiada por WWF cuando tenía 10 años. © Survival International

 

En un movimiento sin precedentes, un miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha aceptado investigar una queja acerca de la financiación por parte del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) de violaciones de derechos humanos en Camerún, iniciando un proceso que hasta ahora solo se había utilizado para empresas multinacionales.

 

Survival International interpuso su queja en febrero de 2016, aportando numerosos ejemplos de abusos violentos y vejaciones contra los “pigmeos” bakas en Camerún por parte de patrullas antifurtivos financiadas por WWF. Survival también alega que WWF no obtuvo el consentimiento libre, previo e informado de las comunidades para proyectos de conservación en su tierra ancestral.

Se trata de la primera vez que una organización sin ánimo de lucro ha sido examinada de esta manera. La admisión de la queja indica que la OCDE mantendrá con WWF los mismos estándares en materia de derechos humanos que aplica a corporaciones con fines lucrativos.

WWF financia patrullas antifurtivos en Camerún y en otras zonas de la cuenca del Congo. Los bakas y otros pueblos indígenas vecinos de la selva han descrito abusos sistemáticos a manos de estas patrullas, incluidos arrestos y palizas, tortura e incluso muerte, desde hace más de 20 años.

 

Indígenas bakas han sido forzados a marcharse de grandes extensiones de su tierra ancestral y se enfrentan a la violencia de patrullas antifurtivos financiadas por WWF si cazan, buscan alimento o visitan lugares sagrados.
© Survival International

 

Survival instó por primera vez a WWF a que cambiara su enfoque en la región en 1991, pero desde entonces la situación ha empeorado.

Indígenas bakas han testificado repetidamente ante Survival sobre las actividades de estas patrullas antifurtivos en la región. En 2016 un hombre baka dijo a Survival: “[La patrulla antifurtivos] golpeó a los niños y también a una mujer mayor con machetes. Mi hija todavía no está bien. La hicieron agacharse y la golpearon por todas partes: en la espalda, por toda la zona inferior de su cuerpo, con un machete.”

En dos cartas abiertas, los bakas suplicaban a los conservacionistas para que les dejaran quedarse en su tierra: “Los proyectos de conservación de la naturaleza necesitan ser indulgentes sobre cómo podemos utilizar el bosque (…) porque nuestras vidas dependen de ello.”

WWF ha rechazado las acusaciones de Survival. Reconoce que se han producido abusos pero, en una declaración de 2015, un portavoz declaró que este tipo de incidentes “parecen haber disminuido”, pese a los repetidos testimonios de los propios bakas. En su respuesta a la OCDE la organización citó la inestabilidad política de la región y dificultades en el proceso de creación de “áreas protegidas” para la conservación de la vida salvaje como las principales razones por las que las violaciones de derechos humanos habían tenido lugar. No negaron su implicación en la financiación, entrenamiento y equipamiento de los guardas.

El director de Survival, Stephen Corry, dijo: “Que la OCDE haya aceptado nuestra queja supone un salto de gigante para pueblos indígenas vulnerables. Ellos ya pueden aprovechar las directrices de la OCDE para tratar de evitar que las corporaciones les hagan caso omiso, pero esta es la primera vez que se establece que las reglas también se aplican a ONG de escala industrial como WWF. El trabajo de WWF ha provocado décadas de sufrimiento para pueblos tribales en la cuenca del Congo. No ha hecho nada eficaz para abordar las preocupaciones de miles de indígenas desposeídos y maltratados a través de sus proyectos. Esto tiene que cambiar. Si WWF no puede asegurar que dichos proyectos se ajustan a los estándares de la ONU y la OCDE, sencillamente no debería financiarlos. Independientemente de la buena labor que pueda estar haciendo en otros lugares, nada justifica su financiación de violaciones de derechos humanos. Las grandes organizaciones conservacionistas deben dejar de participar en el robo de tierras indígenas. Los pueblos indígenas son los mejores conservacionistas y guardianes del mundo natural. Deberían estar al frente del movimiento medioambiental.”

 

Muchos bakas se ven forzados a vivir en los bordes de carreteras. Las tasas de alcoholismo y enfermedades como la malaria se han disparado y su dieta ha empeorado.
© Survival International

 

Información de contexto
– La OCDE es una institución internacional con 35 países miembros. Ha desarrollado Líneas Directrices para Empresas Multinacionales que son monitorizadas por puntos de contacto nacionales en cada país, y que ofrecen una de las pocas oportunidades para obligar a las empresas multinacionales a rendir cuentas en caso de no respetar los derechos humanos de las comunidades afectadas por sus proyectos.
– La sede oficial internacional de WWF se encuentra en Suiza; de manera que la queja de Survival se presentó en el punto de contacto suizo, dado que Camerún no es miembro de la OCDE.
– En 2008, Survival International presentó una queja contra la empresa minera británica Vedanta Resources cuando esta trataba de abrir un territorio de los dongria kondhs en la India a la minería sin el consentimiento de la tribu. La OCDE expuso que Vedanta había incumplido sus directrices.
WWF es la mayor organización conservacionista del mundo. Según la propia organización, únicamente el 33% de sus ingresos proceden de donantes individuales. El resto se obtiene a partir de fuentes que incluyen financiación gubernamental, fundaciones y empresas.

 

Tribus ‘pigmeas’ como los bakas han vivido en las selvas de la cuenca del Congo durante milenios. Están siendo expulsados ilegalmente en nombre de la conservación, pero la actividad maderera, la caza furtiva y otras amenazas para especies en peligro de extinción como el gorila, el elefante de selva africano o los pangolines continúan.
© Selcen Kucukustel/Atlas

 

– “Pigmeos” es un término genérico que se usa normalmente para referirse a los pueblos cazadores-recolectores de la cuenca del Congo y de cualquier otro lugar de África Central. Algunos indígenas consideran que este término es peyorativo y lo evitan, pero otros lo usan como una forma práctica y fácilmente reconocible de referirse a sí mismos.

 

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