«Los 39. Guanahaní», de José Luis Muñoz
CARLOS MANZANO
Suscitaría muy pocas controversias ―por no decir ninguna― si señalo al escritor José Luis Muñoz (Salamanca, 1951) como uno de los referentes nacionales en lo que todos entendemos como novela negra. No por casualidad, tiene en su haber un gran número de obras que así lo atestiguan: “Pubis de vello rojo”, “Marea de sangre”, “La colina del telégrafo”, “La bahía humeante” o “Monrovia”, por citar solo unas pocas. Sin embargo, en mi opinión, el talento del escritor salmantino, en la actualidad residente en el Valle de Arán, lo sitúa mucho más allá de ese modelo de autor que podríamos identificar como especialista en el género negro, o dicho de una manera más clara: sus aptitudes y su talento como escritor total, como escritor de raza, lo facultan para abordar con éxito todo libro que se proponga, sea del género que sea, aunque en este caso concreto me gustaría destacar muy especialmente sus excelentes aportaciones a otros géneros como, por ejemplo, la novela histórica y, sobre todo, la novela de aventuras.
Hay en la narrativa de José Luis Muñoz cierta predilección por las epopeyas históricas, por las grandes aventuras del pasado (y también del presente; ahí está sin ir más lejos la elogiada “Monrovia”), esas gestas memorables que, al mismo tiempo que ponen de manifiesto la osadía y la imprudencia de los viejos y legendarios aventureros, sitúan al ser humano como tal ante sus inclinaciones más oscuras, desvelando cuanto de heroico y mezquino convive dentro de cada uno de nosotros. Ahí está, sin ir más lejos, “El centro del mundo” (Almuzara, 2020), novela que relata con pulcritud e inteligencia la aventura y los desvaríos de Hernán Cortés en su conquista de tierras aztecas. Y tenemos ahora mismo otra grandiosa obra narrativa, dividida en tres partes, que bajo el título original de “La pérdida del paraíso”, y actualmente reeditada como “Los 39”, nos cuenta con ánimo pormenorizado y una asombrosa fidelidad histórica la epopeya ya mítica (y tantas veces tergiversada) de Cristóbal Colón en su afán por llegar a las Indias orientales a través de un camino alternativo al entonces conocido.
El estilo de José Luis Muñoz es extremadamente pulcro y descriptivo; gracias a él, el lector puede llegar a sentir el miedo de los personajes, la dureza de sus contratiempos, el exotismo de sus experiencias, las continuas incomodidades que atraviesan y las desconocidas enfermedades que los asolan. En ese sentido José Luis Muñoz pone especial énfasis en describir el entorno físico que rodea a los personajes, llegándolo a convertir en un personaje más y otorgándole un papel decisivo en el devenir de los acontecimientos. El medio físico, en el contexto de la aventura y del descubrimiento, puede llegar a condicionar al ser humano tanto como su entorno cultural.
De momento podemos disfrutar de la primera parte de esta trilogía, que bajo el subtítulo de ‘Guanahaní’ ha publicado la editorial Almuzara (las otras dos partes se anuncian para fechas venideras). Esta primera parte nos habla del viaje iniciático de Colón y las tres carabelas al continente americano., los rigores de la travesía y el asombro con que la población indígena los recibió. Como ya he dicho, la narración pormenorizada de lo que les ocurre, de las maravillas que van descubriendo a su paso y de sus vivencias más íntimas, hacen de esta obra, más que una recreación histórica, una fantástica novela de aventuras que no elude, porque otra cosa sería crear un artefacto ficcional falso, la crueldad de algunas de las acciones llevadas a cabo por los protagonistas y la avaricia que los guiaba. “Los 39. Guanahaní” es, pues, entre otras muchas cosas (toda gran novela contiene varios planos de significación), una excelente novela de aventuras que recupera la mejor tradición del género, en clara consonancia con la obra de los grandes maestros de siempre, como Joseph Conrad o Robert Luis Stevenson.