No te conformes, di lo que piensas.

Por Ankabri – Larpeiros en Cantabria

 

Parece que a veces uno habla y nadie le escucha, que está luchando por algo, y que a nadie le importa, solo te queda la sensación propia de estar haciendo lo debido. Luchar porque el cliente se sienta a gusto, darle todo lo que pide, y si me permite, aconsejarle lo que yo creo que le va a gustar más.

Usted acude a nuestros restaurantes, y nosotros le recibimos, le acomodamos en su mesa, y unos mejor que otros, hacen que usted se sienta más a gusto.

¿Y por qué entonces ustedes perdonan, cuando eso que se da por descontado que yo se hacer, no se cumple? Cuando le sirven mal, le contestan mal. Ustedes saben cuando un camarero no tiene ni idea de cómo servir. No se conformen, reclamen, quéjense. Nosotros oímos de todo, ustedes aprovechan para hablar de otros restaurantes, y cómo duele oírles decir que el servicio fue muy malo, pero que iban a volver porque el sitio estaba de moda. Es más, a veces hasta dicen que la comida no era ni tan buena, que era muy caro, pero volverán. Eso es un gran desaliento para nosotros. Cuando te preocupas por hacer algo diferente, poner detalles, dar  conversación, escuchar. Al final a veces piensas que para qué, si es igual lo que hagas, que ni te miran.

Duele no sentirse valorado, pero más duele el castigo de la indiferencia. Por todos, pero sobre todo por los medios informativos. Hasta los políticos hacen el vacío a una profesión de la que, por otra parte, nos vanagloriamos, por contar con algunas de las mejores salas de Europa.

Es igual donde estén, el servicio debe ser profesional, porque por ello están pagando, quizá no consigan que la persona que les atiende sea simpática, pues el carácter de cada uno varía mucho, quizá no sonría lo suficiente, o no sepa hacer una gracia, para que el que sonría sea usted, pero sí debe ser un profesional, saber donde está. Tiene que estar a la altura de las circunstancias siempre. Claro que se puede tener un mal día, equivocarse, por suerte somos humanos, y de los errores del día a día aprendemos, pero cuando son errores de no saber y durante una comida cometen un error tras otro y no saben salir de la situación, eso no se debe perdonar. Y repito, estén donde estén, aunque sea el restaurante más de moda, o con más nombre.

Piensen siempre en quién les recibe, quién les atiende, ese que sabe lo que usted bebió o comió la última vez que estuvo en su casa, que se sabe su nombre, sus gustos, y luego piensen si merece la pena olvidarle, o si es indiferente que su labor la haya realizado bien o de cualquier manera, piense por qué vuelve a ese restaurante, y si no le gusta algo dígalo por favor.

Pero lo peor de verdad, como dije antes, es la indiferencia, ¡cómo se puede hacer una guía y eliminar de un plumazo a toda la sala! Yo digo que el jefe de cocina es el alma de un restaurante, pero creo que un poco de todo ello también es labor de sala. ¡Cómo se puede dar estrellas, soles, puntos, cuando la sala no sabe ni que lleva un plato, ni por donde servir, hasta está despeinado, te trae el vino abierto y tú no sabes siquiera donde lo habrá abierto!, y luego el responsable de dar la puntuación lo pasa por alto, le da igual, hace la crítica siempre bien por la publicidad de ese local, o porque son amigos, o a saber el porqué, pero no creo que esté bien hecho.

Cuéntenme para qué nos esforzamos, o bueno, les diré por qué nos levantamos con ánimos para seguir a pesar de todas esas indiferencias. Lo hacemos porque muchas veces ustedes sonríen, vuelven, nos dan la mano, están contentos, pero sobre todo porque hay veces que nos dan las gracias, que nos dicen que lo hemos hecho bien, por esas veces, de verdad, merece la pena seguir luchando hasta conseguir, que la indiferencia se termine.

 

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