Los cambios de un embarazo

Por María José Alonso
Dermatóloga

 

embarazo_2963183Al final del verano empezó a prepararse para recibirlo, concentrando todos sus esfuerzos en ello, sin profesor… sin ayuda.

Compró libros… introducciones, teorías, prácticas… hasta cocinó los platos que proponían. Leía en el autobús, en la cama, en el sofá. Memorizaba muchos datos; peso, horarios, vacunaciones, primeros pasos… Aprovechó todo su tiempo libre para no pensar en otra cosa.

De niños sólo existe el futuro. Para ella el futuro había pasado a ser presente y se sentía mayor… No era tal y como lo había imaginado porque, ahora lo sabía… los sueños nunca se cumplen.

Siempre vestía ropas elegantes y de buen gusto, era alegre, amable y modesta, aunque un poco impaciente. Su manera de hablar era tan dulce y calmada que hacía sentirse incomoda a algunas personas. Pero en ocasiones, las tensiones acumuladas la hacían estallar como un volcán, sin previo aviso.

Durante las tardes de aquel largo y tedioso verano se sentaba a disfrutar de la brisa que entraba por la ventana, contemplaba el cielo con los últimos restos de azul y glotoneaba en silencio…

Sus puntos flacos eran la impaciencia, los libros y la comida, y nunca hubiera imaginado que pudieran amplificarse tanto al final del embarazo… Se propuso hacerlo todo con minuciosidad, para salir del caos en que se había convertido su vida…

Cuando estaba a punto de estallar de nervios, respiraba hondo y se relajaba… mirándose al espejo… de frente, de lado…

Miraba la línea marrón que le recorría la abultada barriga de arriba abajo, como trazada con una regla. Miraba las areolas de color mas obscuro. Hasta la piel de los genitales había tomado un tono bronceado.

El embarazo esa “situación metabólica especial…” y tan especial…

Otro día observaba con preocupación las manchas irregulares de la frente y las mejillas, había leído que se llamaban melasma y que eran por activación en la formación de melanina por la progesterona y otras hormonas. Sabía que podría tratárselas después con cremas despigmentantes, pero no durante el embarazo, ahora sólo se protegía del sol.

Alguien le había dicho en una ocasión, que las estrías “marcan el camino”… Pero ¿hacía dónde? No quería tener la barriga como un acordeón. Su madre tenía muchas, ¿las heredaría ella? Este era su segundo hijo y en el anterior embarazo, no le habían aparecido.

Había leído que no dependían de la ganancia de peso, sino más bien de una predisposición individual y que podía variar en cada embarazo… “una mujer puede presentar estrías en algunos embarazos y en otros no, con independencia del peso que gane…” “hay mayor número de receptores para andrógenos, estrógenos y corticoides en las estrías, debido posiblemente a la distensión…”

Le alarmó leer que no existe ningún tratamiento, demostrado con estudios serios, que pueda prevenir o mejorar el aspecto de las estrías…

“¿Por qué me gusta tanto leer?” “Es extraño, pensaba…” “Amo los libros. Todos, los leídos y por leer están grabados en mi memoria. Cuando leo uno todo regresa a la normalidad, al punto de partida.”

Luego, otro día, delante del espejo… Es cierto que aún era joven, pero no tanto como para tener la cara llena de granos. Pensando que era muy raro, leyó y consultó sobre el tema…

“Es frecuente la aparición de acne en el embarazo o que empeore el ya existente. Puede ser por suspender los tratamientos previos que no pueden usarse en la gestación como anticonceptivos, tetraciclinas, retinoides… y también por cambios hormonales. La progesterona por ejemplo, tiene efecto androgénico…”

Estaba distraída leyendo sobre esto y levantó la cabeza sorprendida al oír su voz. “No debes atormentarte tanto. Si te sientes mal, habla de ello. Pero compórtate como si nada ocurriera, no te lamentes, es malgastar energías…”

Se lo dijo deprisa y sin mirarla… Fue la última vez que él le mostró su compasión de aquella forma.. Luego volvió a ser la persona fría e indiferente de los últimos meses.

 

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