«Puerto sin mar», de Esther Abellán
MARIANO SÁNCHEZ SOLER
La poesía verdadera, la literatura auténtica, es mitad de quien la escribe y mitad de quien la lee. Cualquier libro resulta un acto incompleto sin la mirada del receptor, sin la emoción de quien, desde la intimidad personal, se acerca a la palabra escrita por otros. Las palabras vuelan cuando tienen alma y nos resuenan dentro inesperadamente, llenas de vida. Volar, de eso se trata. Elevarse con el aleteo de los versos, con la gran arquitectura que supone transmitir lo esencial del ser humano a través de poemas. Y este viaje valiente se comparte con personas desconocidas, incluso inesperadas, que son la otra mitad del camino literario emprendido por la poeta Esther Abellán desde que sus primeros versos comenzaron a brotar en un papel; “Era abril / y dejaron de germinar todas las flores de la tierra. / Las manos ardían en el silencio / dejaban ver el pasado / la niñez calcinada entre la multitud”.
Así comienza su poemario Puerto sin mar (Chamán Ediciones, 2025), un libro unitario (un poema fraccionado) con un discurso complejo y cristalino, escrito con el corazón “lleno de grietas”, desde “un pórtico azul disfrazado de muerte” mientras “las risas tropezaban con los besos” y las manos traspasaban “los orificios de la noche”. Esther Abellán emprende con su nueva obra un trayecto sincero tan personal que se convierte en universal. En él está la pérdida, el miedo a la ausencia de la vida, la desaparición del amor…, temas de intensa profundidad que se enlazan con realidades tan concretas como el maltrato, la salud mental, los exilios…
Nacida en Villena, en 1971, Esther Abellán es poeta y actriz. Hasta la fecha, es autora de siete poemarios y dos plaquettes publicados en los últimos doce años. Como ensayista ha publicado Poetas en el Puente de los Espejos (2021) y El maestro del laúd sin cuerdas. Haikus de Juan Miguel Asensi (I Premio de Ensayo Breve Fundación El Cantarano, 2023).También ha escrito la novela Fue suficiente (Real Noir, 2023), que fue finalista en el I Concurso Internacional de Novela Policial Puerto Negro, Valparaíso. Como gestora y dinamizadora cultural, Esther Abellán ha coordinado y dirigido destacados ciclos y proyectos vinculados a la poesía y a la creación literaria, como “Alimentando lluvias” en el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert (Diputación de Alicante) o “Como el agua” (Museo de Aguas de Alicante) entre otros. Ha sido redactora y colaboradora en diferentes revistas culturales y literarias.
Esther Abellán sabe que trabajo siempre es duro y, mientras se da forma a la creación, la incertidumbre solitaria del artista es aún más severa. En la escritura nadie está nunca seguro de nada. Pero sus palabras fluyen como un río tormentoso, con “la claridad del agua como única certeza”, y entonces se realiza el milagro. Nuestra autora lo ha conseguido con este hermoso libro. “Alegría convertida en distancia /en silencio nocturno / mar de lágrimas. / Ingenuidad varada en un puerto / desierto y solitario / donde amarrar los restos del naufragio –hogar y mundo–”. Su palabra poética vuela y nos transmite belleza en el dolor, verdad en la metáfora, claridad. “Mi corazón se aferró a la esperanza del viaje de Ulises / y los esturiones me inundaron los ojos / y las lágrimas volaron sobre las olas / para escribir frente a un puerto sin mar / plagado de deseos y ficciones”.
Desde la publicación de su anterior obra poética, Pasado en la boca (Sapere Aude, 2021), han transcurrido cuatro años. El tiempo suficiente para emprender un nuevo vuelo poético y dejar madurar su propio discurso. Casi un lustro buscando la altura de la palabra, sin dejar de escribir en ningún momento; sintiendo lo que necesita transmitir y pensando la manera más adecuada de hacerlo. Creando siempre, constantemente. Trabajando sin pausa las palabras. En su primer poemario publicado en 2013, la poeta ya advirtió el peligro que suponía para la vida quedarse varada en un puerto sin mar, y ya entonces escribió la necesidad vital de encontrar algún puerto donde amarrar un “corazón perdido” que naufragaba, entre la soledad y el desaliento, en ese “puerto sin mar”.
La creación poética es una búsqueda que va más allá, y en ella cada cual madura sus conceptos, sus imágenes, sus mensajes. “No era posible que las noches lloraran sangre / mientras los pájaros volaban cerca de la costa”. Esther Abellán sigue su ritmo vital y desciende a la esencia; organiza el sentido de su vida y la expresa con sinceridad. Su poesía indaga en la verdad siempre injusta, en el dolor que mucha gente disimula para no hacerse daño (“El sufrimiento tenía un nombre conocido”), en el miedo a perderlo todo; da respuesta a la angustia, y lo hace a través de imágenes y metáforas cargadas de potencia y lirismo. “El horizonte me hablaba de las guerras / de la extinción lumínica / del declive las medusas muertas / de los rastrojos cortados en un hueco de abril”.
Puerto sin mar es la imagen perfecta de la desolación del ser humano, de una certeza que a todos nos incumbe. “Recuerdo cuando desapareció el mar / cuando la tierra pedía ser salvada / y los barcos reclamaban un lecho donde dormir. / (…) Las mujeres protegían a sus hijos / envueltos en líquenes gelatina de dolor. / Lo vi. Vi el mundo destinado a la muerte / y el alba recubierta de corazas marinas”. Un mar, como el de Aral, convertido en desierto (“desastre cementerio de barcos retrato humano”), destruido por la depredación del dinero y el poder. Un desastre ecológico que, con la poesía de Esther Abellán, se convierte en un hecho simbólico para mostrar la otra depredación, la otra violencia, tan silenciosa a veces y tan oculta en la vida cotidiana de muchas mujeres; para hablar de destierros, de “patrias desaparecidas”, del duelo, de desarraigos, hasta que, por fin, al reconocerse en un poema, “llueve la vida”, la esperanza, el manantial amoroso que “vence las fronteras y deporta el dolor”.
Ese es el auténtico valor de la literatura y de la poesía en particular. Tal es la grandeza de comprender que los poemas escritos van a ser interpretados y vividos por otras personas, que los harán suyos a tenor de sus propias realidades vitales, y que los versos van a ayudarles a conocer y sentir su realidad íntima como parte de un sentimiento colectivo. Puerto sin mar, de Esther Abellán, es un hermoso poemario que refleja la madurez literaria de su autora y que nos sumerge en la verdad sincera, sin dejar de volar por encima de todos los naufragios.