«El día de la revelación», de Steven Spielberg

JOSÉ LUIS MUÑOZ

Si hay algo que constatar en la carrera de este Rey Midas de Hollywood, como muchas veces se le ha calificado a Steven Spielberg, es que, a pesar de sus casi ochenta años, no ha matado al niño que lleva dentro y ahí están, para recordarlo, unas cuantas películas, en mi opinión menores, como toda la saga Indiana Jones, la de Parque Jurásico y sus incursiones en la ciencia ficción salvo La guerra de los mundos o Minority Report que son otra cosa. No estamos pues ante una de sus películas mayores como El imperio del sol, de la que solemos olvidarnos, La lista de Schindler, la que le tocó en lo más personal (como sucedió con Polanski y El pianista) o Múnich, para mí uno de sus mejores films porque no se dejaba llevar por el imperante apoyo incondicional del pueblo norteamericano, y de los judíos (él lo es), por las actuaciones del estado de Israel.

Pretender que estamos solos en el universo es un acto de jactancia por parte de la humanidad. La lógica se impone al sospechar que en un universo infinito tienen que haber más seres inteligentes como nosotros. El día de la revelación está entre ET, al que rinde homenaje la película en su parte final, Encuentros en la tercera fase y Minority Report. El film abona esa supuesta verdad, no asumida oficialmente por las autoridades de Estados Unidos, de numerosos avistamientos de OVNIS y presencia en la tierra de extraterrestres que incluso sobrevivieron a la colisión de sus naves, algo que no sabemos si entra dentro del terreno de lo creíble (no hace muchos años hubo unas declaraciones de autoridades militares estadounidenses que confirmaban ese supuesto) o de la fantasía.

Cuando el mundo está al borde de la Tercera Guerra Mundial (eso no es ciencia ficción sino rabiosa actualidad) Margaret Fairchild (Emily Blunt), una meteoróloga de Kansas City, comienza a hablar un idioma extraño a mitad de una transmisión televisiva. Al mismo tiempo, Daniel Kelliner (Josh O’Connor), miembro de una agencia estatal llamada Corporación Wardex, sustrae unos documentos gráficos que evidencian la existencia de OVNIS y extraterrestres. Margaret y Daniel, por lo que pasó en sus infancias, están condenados a encontrarse a pesar de todos los esfuerzos de Noah Scalon (Colin Firth), el jefe de esa agencia, por impedirlo al precio que sea.

El guion, basado en una historia del propio director, es confuso y francamente mejorable, está lleno de incongruencias y tramos sin sentido (la fuga de Margaret y Daniel cuando están en las manos de Noah). Algunos gags fantásticos funcionan (el de la invisibilidad de los que quieren hacer pública a la nación la existencia secreta de OVNIS y extraterrestres) y otros son demasiado reiterativos y simplistas —Noah Scalon teletransportándose en el espacio para averiguar en donde se esconde Daniel y adueñándose de la voluntad de su novia, la ex novicia Jane Wlankenship (Eve Hewson) para que lo asesine— o rozan lo ridículo y lo naif: los alienígenas que adoptan formas de animales: un pajarito, un ciervo, un zorro… para no asustar a los humanos. En donde más brilla el talento del director de El puente de los espías es en las escenas de acción inspiradas en su saga de Indiana Jones: la huida de los dos protagonistas en ese tren que arrastra su vehículo tras embestirlo.

El día de la revelación es sin lugar a dudas una de las obras menores de Steven Spielberg. A su pesar, el director de Encuentros en la tercera fase está muy lejos de los grandes maestros del género de ciencia ficción como Stanley Kubrick, Ridley Scott, Andréi Tarkowski o Christopher Nolan, entre otros, pero su última película es muy superior a su anterior, la infausta fábula autobiográfica Los Fabelman, que era sencillamente tan babosa como su protagonista Paul Dano.