«Normal», de Ben Wheatley

JOSÉ LUIS MUÑOZ

Que nadie se lleve a engaño con el título de esta película, que también lo es el de la pequeña población de la América profunda en donde discurre su acción, porque nada es normal, valga la redundancia, en sus noventa minutos de metraje que pasan volando.

El tranquilo sheriff Ulises (un estupendo Bob Onderkik) llega a Normal para sustituir al anterior jefe de la policía local, muerto en extrañas circunstancias. Lo que no sabe es que todo el pueblo vive de un negocio ilícito que no está dispuesto a perder y lo han contratado precisamente por sus escasas dotes de investigador. Cuando un par de jóvenes atracadores de estar por casa, de paso por el pueblo, atracan el banco de Normal y se produce una escabechina, el secreto del pueblo queda al descubierto y ese apacible sheriff deberá dejar de serlo para enfrentarse a toda su comunidad.

Normal es una estupenda y sana gamberrada narrada con un ritmo endiablado y con una serie de gags cómicos que funcionan a la perfección entre lo gore de muchas de sus secuencias (el tiroteo masivo en el bar de las escopetas cuando una de ellas se descuelga de la pared y se dispara). El film ya muestra sus cartas desde la primera secuencia en la que un capo de la yakuza japonesa obliga a cortarse los dedos a algunos de sus sicarios por hacer mal su trabajo, y de Japón volamos a un Estados Unidos muy recóndito. La película, entre brochazos gordos, es un choteo a costa de la sociedad norteamericana que tiene más armas de fuego que habitantes y la descacharrante trama funciona hasta el final apoteósico de fuego y destrucción del que nadie sale bien librado.

Normal es una perfecta mixtura entre el cine de Quentin Tarantino y el de los hermanos Coen, una píldora de humor gamberro que de cuando en cuando viene bien tomarse el espectador porque se necesita tal cómo va el mundo.  A resaltar, sobre los descacharrantes personajes de ese alcalde (Henry Winkler), volatilizado literalmente, la agresiva Moira (Lena Headey), amante de las armas de fuego de gran calibre y luchadora implacable, el suplente Mike Nelson (Billy McLellan) o el ayudante Blaine Anderson (Ryan Allen), el omnipresente actor cómico Bob Onderkik, el protagonista absoluto de la función, que hace de su impasibilidad ante lo que ocurre a su alrededor un gag permanente. Y un detalle nada baladí, su director Ben Wheatley (Billericay, 1972), con muchos callos en su carrera cinematográfica, es británico y la película también, y de ahí que su protagonista tenga flema muy del Reino Unido, aunque sea yanqui y no lo parezca. Para divertirse sin complejos y entrar en el juego.