«Cosas que no olvidaré», de Alessandro Aronadio
JOSÉ LUIS MUÑOZ
No hay mucha filmografía sobre el Alzheimer, esa enfermedad terrible que borra la memoria de los seres humanos. El diario de Noa, Siempre Alice, Vivir dos veces y, más recientemente, El padre con un dúo portentoso formado por Anthony Hopkins y Hugh Jackman, padre e hijo, son algunos de los filmes recientes que tratan el tema.
Basada en hechos reales, la cuarta película del italiano Alesandro Aronadio (Roma, 1975) narra, en primera persona, por parte de Paolo (Edoardo Leo), un guardia jurado de 40 años felizmente casado con Michela (Teresa Saponangelo) y con un hijo pequeño Mattia (Javier Francesco de niño / Giorgio Montani de adolescente ), al que le detectan un Alzheimer precoz y desde ese momento, y con la ayuda de su mujer y, sobre todo, de su hijo, intenta grabar en su memoria sus recuerdos más importantes para que prevalezcan el máximo tiempo posible en su memoria.
Ágil, con momentos de comicidad que suavizan su argumento melodramático, la película de Alessandro Aronadio avanza con muchos giros al pasado feliz de esa familia, esquiva el drama lacrimal, en el que podía haber terminado fácilmente, y se beneficia, sobre todo, de unas impecables interpretaciones. Una lección práctica de cómo encarar una enfermedad terrible. Al final del film salen los verdaderos protagonistas y ese hijo ejemplar, Mattia, condecorado por el gobierno italiano.
A destacar en el film la secuencia de la reconciliación del protagonista con su hermano (Daniele Parisi), un tipo marginal y desordenado que habita la casa familiar junto al mar, con quien lleva una eternidad sin hablarse Paolo, y ese partido de fútbol en la playa a tres bandas que juegan ellos dos con el adolescente Mattia.