Sol Ceh Moo: palabras de largo aliento

Por: Gloria Serrano Solleiro

Y los días se echaron a caminar.
Y ellos, los días, nos hicieron.
Y así fuimos nacidos nosotros,
los hijos de los días,
los averiguadores,
los buscadores de la vida”

(El Génesis según los mayas)

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¿Qué hace sentir inequívocamente humano al ser humano?  Aunque en ocasiones pareciera lo contrario, los sentimientos son esencia, latido constante. Después de los cinco sentidos, es a través de ellos que podemos entrar en contacto con nuestro entorno y con la gente significando el día a día. Los rostros, las narrativas y sus contextos, los idiomas, cambian de una geografía a otra y constituyen nuestra identidad más local; el sentir en cambio, borra fronteras y nos permite reconocernos como iguales en un mundo global.

Sol Ceh Moo es una mujer como cualquier otra, que construye a diario un mundo propio y cuya única particularidad reside en sus orígenes, que se sustentan en una matriz cultural milenaria, la del pueblo maya que se asienta en la Península de Yucatán. Como muchas mujeres, Sol aprendió a fuerza de golpes a cantar las verdades a la cara, a no disimular ante nadie ni en circunstancia alguna su sentir, a ser mujer sin mayores aditivos.

Entablar una conversación con ella devela a su interlocutor que el aplomo y la entereza que hoy muestra, son resultado de una infancia dolorosa de lágrimas por largo tiempo calladas que solo pudieron emerger a través de la palabra. Sol es escritora en lengua maya y castellana, su relación con el mundo es principalmente a través de las letras, siempre temerarias para una sociedad que aún no se acostumbra a los liderazgos femeninos, sea cual sea el sitio de donde provengan.

A veces para hablar del presente es necesario evocar el pasado, así que la plática comienza hablando de Calotmul, el poblado en que Sol nació:

Calotmul es una comunidad bastante pequeña, muy reducida en habitantes hoy en día. Es un lugar que genera muchos recuerdos dolorosos en la persona de Sol Ceh Moo. Desafortunadamente ya no cuenta con un porcentaje importante de gente maya hablante. En la actualidad sólo podríamos hablar de 7 mujeres y 6 hombres. Calotmul tiene una gran influencia de Quintana Roo, lo que hace que la gente migre y se olvide de su origen, de su pueblo. Cuando regresan, ya traen otras influencias y lo hacen transformados. Todo está desapareciendo, por eso es muy triste para mí hablar de Calotmul.

Dentro de mis recuerdos dolorosos de la infancia, está el momento en que no quería hablar de mi origen. Podía decir que soy yucateca, pero no quería que se mencionara que soy de Calotmul. Es un lugar muy pobre, abandonado por las autoridades, las calles no están bien, se nota sucio. Es triste…

Templo de la Inmaculada Concepción, Calotmul. Fotografía de Lynda Lock

Calotmul significa “Lugar de dos pares de cerros” o “nuestros dos pares de montañas o colinas”. Se deriva de las voces Ca, dos, nuestro; Lot, partícula para contar pares y Mul contracción de Jul, colina, cerro o montaña. A propósito de la toponimia, aprovecho para preguntar a Sol si en algún momento ha sentido que se encuentra en medio de dos cerros, de dos cosmovisiones, la occidental y la maya, a lo que me responde:

Diría que no me encuentro oprimida en esta situación, sino muy agradecida de poder comparar los dos espacios y tener la oportunidad de convivir con gente de ambos mundos; agradecida de lo que puedo generar, que tiene su base en la escritura y en la novela que es occidental.

En un principio fuiste criticada por otros escritores a quienes les parecía que te estabas alejando de la tradición literaria maya, mucho más cercana a géneros como el cuento, ¿qué piensas de ello?

No hay cánones literarios en la cultura maya que indiquen que la novela, la crónica o el ensayo no existen. Hay que considerar que todos estos géneros se fueron estableciendo con el aprendizaje académico. Quizá mi escritura podría ir en contra de lo que piensan otros actores de la cultura maya, puesto que ellos se devalúan automáticamente al hablar del occidentalismo. Ellos sienten que deben sustraerse, separarse para seguir siendo lo que son.

Entonces esto se vuelve una forma de autodiscriminación. Pero yo les digo, si ustedes tienen una identidad, si se reconocen, si pueden vivir inmersos en el agua de este occidentalismo y permanecer de acuerdo a como viven, sueñan, piensan o hablan, entonces tienen una identidad propia asegurada. Pero si viven timoratos pensando en el “qué van a decir de mí”, entonces no tienen identidad, todavía no la han adquirido.

En mi caso, después de los 17 años y de un proceso de reivindicación, de sentirme y reconocerme como maya y de escribir en el idioma, ya no me siento oprimida, me siento muy bien flotando en los dos vientos. En diversas entrevistas he dicho que Sol Ceh Moo ya no es una persona maya como la que todo el mundo esperaría ver, vestida siempre con el traje regional o de mestiza, porque no puedo fingir una apariencia. Realmente la apariencia no es lo que te presenta ante los demás, sino lo que llevas en ti y lo que haces, lo que preservas. Hay una confusión bastante fuerte…

Por esas jugarretas del destino, nuestra entrevista tiene lugar en el Gran Museo del Mundo Maya de Mérida, inaugurado apenas hace un par de años y donde en estos momentos, en la explanada, se representa una danza prehispánica. Los ejecutantes portan tremendos penachos, tocados y joyería. Inevitablemente, los sonidos ambientales se cuelan en nuestro diálogo. Al respecto, nuestra entrevistada comenta:

Aquí abajo estamos viendo un disfraz, porque los mayas así como estos no existen, quizás existieron en otro tiempo, pero tampoco nos consta. Los mayas somos personas normales, gente que tiene por supuesto un idioma distinto, así como el pueblo de Cataluña, pero no somos un atractivo turístico que se tenga que vender. No por el hecho de mantener las tradiciones, los usos y las costumbres, la gente tiene que venir y encontrarnos haciendo tortillas o pensar que los niños por ser morenos y andar en calzoncillos dentro de las poblaciones siguen siendo indígenas, no es así. Los mayas son personas que se están adaptando, que no quieren dejar la cultura en su totalidad, pero que viven en una dinámica cultural constante. Seamos absolutamente honestos, es una falsedad decir que los mayas natos existen; es mejor mencionar a las personas tal como son, como piensan y lo que están generando.

Sol, ¿qué es para ti la cultura maya y cómo la incorporas a tu vida?

De la cultura maya quiero conservar muy dentro de mí lo que he escuchado, los relatos que no he utilizado para mi trabajo porque son sumamente valiosos. Por ejemplo, el recuerdo de mi abuela, una persona que quise tanto pero no estuvo cerca de mí y después de ella, mi mamá, quien también me contó las historias un poco más contemporáneas. Esas han generado mucho dolor en mi persona. Esto es lo que quiero preservar y llevar conmigo siempre. Saber que existieron personas que vivieron experiencias muy valiosas que en la actualidad yo no podría tener, pero que me hubiera gustado mucho vivirlas.  La comida claro que es rica, pero ya tiene influencias de otras culturas.

Hablemos ahora de tu trabajo, ¿qué significado le das a la palabra?

La palabra para mi significa libertad, ausencia de opresión, oportunidad. En específico, la libertad de pensamiento y de expresión. Antes no podía decir muchas cosas porque para nosotros era como un delito, con mi padre vivimos opresión emocional y psicológica. Yo tuve una infancia bastante difícil porque viví confundida, ya que mi padre decía que debíamos dejar de ser indios. Sus palabras textuales son: “tienen que dejar de hablar maya, tienen que dejar de ser indios. Nosotros hablamos maya porque no fuimos educados”. Ahora lo pienso con un criterio distinto, pero cuando él me dijo “tienes que dejar de hablar en lengua maya”, quizás por respeto, por temor, por querer ser blanca y fina, porque él decía “tienes que ser como ellos”, fue que me encaminé en ese sentido y empecé a guardar silencio de mi idioma, a negarlo y a negarme. De hecho tuve un nombre falso, me llamé Sol Castro y lo mantuve hasta los 17 años. Después vino ese autoreconocimiento. Desconozco qué idioma tuve en la infancia, si primero hablé maya y después español o lo contrario. Lo único que me consta es que soy bilingüe.

Las palabras de mi padre sonaron muy fuertes en mí; me sentí humillada, pisoteada. Por eso delante de mí, nadie va a ser humillado ni discriminado. Fue muy doloroso y más cuando esas palabras venían de la boca de mi padre. Pensar que él sentía y estaba convencido de que yo era menos valiosa que cualquier cosa, era algo muy triste. Yo lo miraba y no tenía ni siquiera un signo que me ayudara a entender por qué actuaba de esa manera. De ahí viene la rebeldía de Sol Ceh Moo y las expresiones de que no le tengo miedo a ninguna institución, a ninguna persona. Hasta la fecha, no siento temor a nada. Quizá luego encuentre algo que me atemorice, pero todavía no ha llegado el día.

Sol encontró en la comunicación escrita un territorio amigo. Escribir es su paraíso personal y a la vez, una forma de agarrar el toro de la realidad por los cuernos. Ahora es una contadora de historias, no siempre sencillas de contar. Recuerda por ejemplo, aquél día en que su hija le expresó su descontento tras haber leído una de sus obras en la que los personajes utilizan un lenguaje un tanto ofensivo para una joven adolescente, poco habituada a escuchar ciertas palabras en la voz escrita de su madre:

Le tuve que explicar que se trataba del personaje. Es Juan Bautista el que habla, yo sólo tomo la pluma, le doy sentido a sus palabras y las plasmo en papel. Esto quiere decir que las palabras pesan muchísimo; cuando escribes utilizas expresiones que quizá en ningún momento pensaste manifestar. Para mí esto es la libertad absoluta y el poder demostrar a las demás mujeres -porque ese es mi objetivo- que no podemos quedarnos calladas y aceptar violencia o intimidación. Todo se puede lograr con autodisciplina, respeto y trabajo.

Tomar temáticas diferentes o fuertes es también una manera de demostrar a quienes no estuvieron de acuerdo en el género que manejo, que el idioma completo es una herramienta como cualquier otra. Acaso si hablas inglés ¿tendrías que hablar únicamente de historia inglesa?, uno puede ser un escritor que hable de la universalidad. Yo no quiero competir con los yucatecos o con la región de las lenguas mayenses, sino ser un escritor que por el hecho de escribir tanto en español como en maya, pueda hablar de todas las vivencias que se dan en los dos ámbitos. Si entré a la academia y tuve una educación formal como otros, no puedo negarme a aprender nada. Yo aprendí novela, ensayo, crónica, relato histórico, no puedo ir hacia abajo y dejar de escribir algo porque soy mujer o porque rompo los paradigmas. Cuando tengo una temática de relevancia, que afecta a la sociedad yucateca, mexicana o del mundo, utilizo mi creación para hacer un grito de auxilio, para exigir.

Su novela de edición bilingüe, “u puksi’ik’al ko’olel” (Teya, un corazón de mujer), es la primera del género político-policial creada por una autora de origen indígena en América Latina. En ella se narra la vida de Hemeterio Rivera, un joven abogado comunista comprometido con las luchas sociales en la década de los años setenta. Licenciada en Ciencias de la Educación por la Universidad Autónoma de Yucatán, traductora e intérprete oficial de lengua maya y becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, Sol Ceh Moo ha sido galardonada en 2014 con el Premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Mexicanas en la categoría de narrativa escrita por su libro “Chen tumeen x ch’úupen” (Sólo por ser mujer), también escrito en lengua maya y traducido al español. A mi pregunta de por qué escribir novela, responde:

Yo amo los textos de gran aliento, me gusta la extensión. Para la creación es muy poco un cuento, la poesía también es demasiado breve para expresar mis ideas, mis deseos, mis pensamientos o las experiencias que uno tiene. En cambio la novela, desde que decidí escribir me ha llenado muchísimo. El hecho de que algunas personas lo criticaran y me dijeran que estoy rompiendo con los modelos, hizo que me aferrara mucho más a este género.

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¿Qué sientes al recibir este reconocimiento a tu trabajo? Me refiero, por supuesto, al Premio Nezahualcóyotl:

Significa un compromiso mayor y el poder demostrar a las mujeres y sobre todo a las niñas, que a veces son las más oprimidas en el hogar, como fue mi caso, que somos capaces y que tenemos un pensamiento libre. En una ocasión realicé un Encuentro Regional de Mujeres Indígenas y una de ellas expresó que tenía tantos deseos de crear algo, de ser artista como nosotros, pero que su esposo le decía “Cómo crees que puedes hacer algo así, tú ya tienes hijos, ya estás casada, tú eres mujer y tienes que pensar en otras cosas. Con lo que haces en la casa es suficiente”. Te pones a pensar en eso y te preguntas cómo es posible que la propia familia se transforme en tu enemigo en lugar de darte una oportunidad; decir que no vales, que no tienes capacidad. Con base en eso yo quiero decirles a las mujeres que muchas cosas se pueden lograr. Tengo una responsabilidad social sobre todo. Si antes estaba abriendo solo una hoja de la puerta, ahora quiero las dos. Yo creo que este premio me ha dado la oportunidad de abrir la siguiente.

Los pesares y las incertidumbres vividas en soledad no lograron hacer de Sol una víctima; más bien, forjaron a una mujer que no se doblega, dignificada por esa brisa de libertad que se advierte a su alrededor, la misma que la impulsa a alzar la voz ante procesos de exclusión y discriminación que viven algunas mujeres dentro de sus comunidades. Si Sol cuenta historias, es evidente que además asume un segundo frente de acción, el compromiso de transformarlas en otras mejores:

Existimos muchas mujeres en el activismo político y social. Definitivamente no era mi objetivo. Eres la segunda persona que me hace este comentario, que me parece bastante fuerte y que me gusta, porque realmente luchar por los grupos es muy importante cuando ellos no pueden hacerlo por sí solos. En Ecuador hay una mujer que se llama Nancy Bedón que está amenazada de muerte porque quiso demostrar que podía ser libre para amar a otra persona y eso le costó casi la vida. Ella se ha dedicado a salvaguardar la integridad de las mujeres que sufren violencia, lo que ha originado que sea amenazada de muerte y que tenga que ocultarse. Por eso me parece fuerte la expresión de “activismo social”, pero si eso conlleva la responsabilidad de las letras, por supuesto que sí lo acepto. Yo sólo quiero que las cosas se logren y que las mujeres sobresalgan, en especial las mujeres indígenas porque son las más violentadas, aunque no hay que olvidar que en otros grupos la violencia también está presente pero con guante blanco, se cubre con dinero, con apariencias. La propia prensa lo hace; si cometes un delito sales en la nota roja, si los otros lo comenten salen en las páginas de sociales. Eso es discriminación, violencia psicológica y emocional, violencia de género, de grupo y yo no estoy dispuesta a aceptarlo.

En tus textos reside parte de nuestra memoria colectiva, pero igual tocas esas heridas invisibles que tanto hombres como mujeres en ocasiones cargamos a cuestas, ¿cómo eliges la temática?

La violación, el incesto, el alcoholismo, o el bullying, como ahora lo llaman, están presentes. La novela que se lleva el premio trata de una mujer discriminada en el aspecto jurídico. Al momento de recibir el indulto del gobierno y ser liberada, los medios de comunicación cuestionan el porqué de su libertad y ella responde “Yo no quiero el perdón a medias, yo quiero que me borren como asesina o no quiero la libertad, un perdón completo o nada”. El personaje es una mujer que tuvo que vivir experiencias muy duras en prisión. En las visitas conyugales su esposo la promueve para tener relaciones con otros hombres, bajo la amenaza de hacerles daño a sus hijos. Es un tema bastante fuerte…

Una ocasión el novelista Arturo Arias se refirió a mí como “Sol y sus hombres” y me preguntó por qué en la mayoría de mis obras los personajes son del sexo masculino. En ese momento fue que me puse a pensar en Ángel Bautista, El Adivino, Hemeterio. Sí, me identifico con esos personajes. El nombre que lleva mi novela, Teya, tiene un valor importante. Originalmente se iba a llamar Hemeterio y Hemeteria (madre e hijo), pero me di cuenta que el nombre no iba a pesar, así que la titulé Teya, por el principio y el final de la historia.

No me identifico en ningún momento con ella, porque a final de cuentas es una mujer fuerte pero sometida, arraigada a tradiciones. Quizás me iría un poco más con Delia, con la abogada de Onorina, por su fuerza, por ir en contra de su padre, por haber aprendido a defender a las mujeres. También me iría con Ángel Bautista, el torero, porque me encanta su manera de ser y de luchar. Él se siente libre, capaz y sin temores, aun arriesgando su propia vida. Ese tipo de cosas me gustan, soy libre con todo eso.

El amor no existe. Es lo que he estado sosteniendo últimamente, así que estoy por escribir una novela antiromántica. Quiero escribir una novela bastante extensa, como Ana Karenina, pero con el tema del antiromanticismo. Para ello estoy trabajando primero, con otro escritor, una novela carteada, escrita en español y que luego traduciré al maya, a la inversa de mi forma habitual de trabajar. Esta novela es sobre la infidelidad y lo que origina que tanto hombres como mujeres seamos infieles.

Me gustan las temáticas fuertes y que por supuesto conlleven a la solución de problemas. Así es como me inspiro; son situaciones que de pronto me vienen a la mente, que me enojan o me agradan y que me llevan a crear. Elijo temas que me motiven, lo que busco es que lo escrito en un libro que lleve mi nombre sea de un impacto social importante y absolutamente de lectura universal. Yo creo que los lectores pueden encontrar similitudes  e identificarse con sus propias realidades. La gente sabe que esto sucede en todo el mundo, no solamente con los pueblos originarios aunque nuestras tradiciones, usos y costumbres sean diferentes. Yo quiero que la gente se acerque y lea mi literatura, y si no, al menos que la conozca.

Una mujer que no tuvo miedo de recordar, con elementos identitarios que mantiene vivos a través de la literatura y que se mete, como diría el cronista colombiano Alberto Salcedo, “con alma, vida y sombrero”, para abordar la violencia de género. Así es Sol, un ser humano que celebra lo pequeño cotidiano como ir al cine en compañía de su hija, al tiempo que también reconoce sus capacidades y talentos, lo que la lleva a pensar en abrir nuevos capítulos en su vida para lograr metas de mayor calado. Ingresar al Programa de becas para representantes indígenas anglófonos (OACNUDH) de la Organización de Naciones Unidas, es sólo una de ellas:

Quiero lograr un día el Príncipe de Asturias; mi mayor objetivo es el Premio Nobel de Literatura, hacia allá van mis esfuerzos. Por ahora, puesto que acabo de terminar la carrera de Derecho, justo para trabajar por los derechos humanos de las mujeres indígenas, quiero ingresar a Naciones Unidas para buscar su reconocimiento, que vean que existimos y queremos trabajar. Por ello voy a luchar por la beca de Ginebra, para especializarme en el tema y con ello lograr mi siguiente objetivo. También seguiré escribiendo, trabajando en los proyectos que tengo, en terminar las novelas que te comenté y, si es necesario, después tomaré un año sabático para hacerlo.

¿A quién admira Sol Ceh Moo?, ¿qué escritores han tenido influencia en tu trabajo?

Como influencia no tanto, yo diría que los admiro porque son de carácter valiente. A  mí me gusta Friedrich Nietzsche, Franz Kafka, García Márquez, Carlos Fuentes, Pablo Neruda, Mario Benedetti. Entre los mexicanos que escriben en lenguas originarias me gusta Irma Pineda Santiago; amo la literatura socialista y revolucionaria de la chiapaneca Roberta Bautista, como su poema “Lunes en el Pozo” que hace referencia a Acteal. También Mikeas Sánchez, otra escritora en lenguas originarias que estudió en Barcelona [el Máster de Didáctica de la Lengua y la Literatura], lo que le dio un estilo más fresco al escribir pero permaneciendo dentro de su cosmovisión; los elementos culturales de sus abuelos están presentes en su literatura.

¿Con qué mensaje te gustaría terminar?

Quiero pedir a las mujeres y a los hombres que pertenecen a la etnia maya y a los que están cerca como grupos mayenses, que se valoren, que se reconozcan y no acepten más humillaciones. Mucho menos que ellos mismos se autocalifiquen. Eso sería lo más importante, ser siempre auténticos, permanecer en la identidad cultural que hayamos aceptado y reconocido, no dejando que los demás hagan de nosotros lo que quieran.

Yo respeto y pertenezco a ambos grupos, tanto en el ámbito laboral como social. No estoy peleada ni separada; al contrario, estoy muy abrazada a mi cultura y a la occidental, por eso escribo en los dos idiomas, para que puedan comprender mejor la cultura maya; la traducción de mis obras es precisamente para acercarnos. Si estuviera separada no escribiría para toda la gente, sólo lo haría para los mayas yucatecos o, como dicen los escritores más mentirosos, escribiría para mí y eso no es cierto, no existe.

México tiene muchos semblantes y muchas sonoridades. El Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI), ha catalogado 68 lenguas indígenas con sus respectivas variantes lingüísticas. Briseida Cuevas Cob, Enriqueta Lunez, Juana Karen Peñate Montejo, Celerina Patricia Sánchez Santiago y la propia Sol Ceh Moo, representan en sí mismas la formidable riqueza cultural que encontramos en todo el territorio nacional. Son mujeres de palabra, que hablan y escriben en su lengua materna y en español, orgullosas exponentes de la literatura indígena contemporánea en nuestro país. Saber de sus andanzas nos revela a los verdaderos seres humanos que están detrás de las terribles estandarizaciones que suelen hacerse al hablar de los pueblos originarios. Conocer sus mentes, no hace más que producir una sensación de libertad, acompañada por el adjetivo de inmensa.

Nos leemos pronto… 

Source: Templo de la Inmaculada Concepción, Calotmul. Fotografía de Lynda Lock

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