La poeta desconocida de la Generación del 27

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Junto a Salinas, Lorca y Alberti, un grupo de escritoras también formaba parte de la Generación del 27. Una de ellas fue Margarita Ferreras, de la que apenas queda registro bibliográfico. Un estudio pone de relieve la importancia de su obra literaria y sus conexiones con esta generación de escritores.

 

El 17 de diciembre de 1927, coincidiendo con el tercer centenario de la muerte de Luis de Góngora, se reunieron en el Ateneo de Sevilla los escritores Pedro Salinas, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Federico García Lorca y Rafael Alberti. Esta cita cultural se considera el germen de la Generación del 27.

Olvidadas por la historia, virtuosas poetas formaron parte del grupo. Una de ellas, Margarita Ferreras, solo publicó un libro, Pez en la tierra, que Marian Chaparro, investigadora de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR), ha analizado en un artículo.

 

Olvidadas por la historia, virtuosas poetas
formaron parte del grupo de escritores

 

Pez en la tierra es una de esas obras irrepetibles, repleta de imágenes nuevas que consiguen emocionar al lector”, explica Chaparro en su estudio, publicado en Revista de Literatura (CSIC). El trabajo, además de acercarnos a la vida de esta desconocida autora, analiza estas figuras retóricas.

Según las memorias de Manuel Altolaguirre, su verdadero nombre era Margarita Cañedo y fue amante de un infante de España. “Cuando estalló la Guerra Civil se fue a Valencia, donde enloqueció. Por fortuna consiguió escapar al extranjero gracias a sus contactos y ahí le perdimos la pista”, indica la investigadora.

Margarita fue socia del Ateneo de Madrid y llegó a conocer a Juan Ramón Jiménez en la casa del matrimonio formado por Manuel Altolaguirre y Concha Méndez, lo que demuestra que era una más en los círculos intelectuales madrileños. Su admiración por Juan Ramón era tan grande que le dedicó el único libro que publicó.

Ferreras era una más en los círculos intelectuales madrileños

 

Autora de una sola obra

Pez en la tierra vio la luz en 1932 gracias al apoyo de los Altolaguirre, que imprimieron el libro en su imprenta madrileña. “Este libro y las colaboraciones en la revista poética Héroe –otro proyecto de la pareja de escritores– son las únicas obras que hemos encontrado de la autora”, admite Chaparro.

En total se publicaron 250 ejemplares de la obra, en papel de lino, con un precio de venta de ocho pesetas cada ejemplar. El libro consiguió varias reseñas literarias positivas cuando se publicó, entre ellas, la del diario ABC, donde se calificaba la obra como “una poesía sin ataduras formales y rebosante de emotividad”.

El título de Pez en la tierra, en palabras de la propia autora, se refiere a la mujer enamorada. “Así se mueve. Es la mujer que siente las sacudidas de una gran pasión”, escribió Manuel Altolaguirre, parafraseando a Ferreras. Para estudiar las imágenes que salpican la obra, Chaparro ha seguido la metodología de lectura de Gaston Bachelard, teórico francés que se acerca a la imagen poética a través del estudio de los cuatro elementos naturales: tierra, agua, fuego y aire.

“La poeta utiliza los cuatro elementos para crear unas imágenes poéticas impactantes. Así consigue que el lector penetre en su piel y sepa qué exactamente lo que siente el yo poético; un auténtico pez en la tierra”, concluye Chaparro.

 

SINC

Ilustración: vectorportal.com

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